Objetivos e indicadores

Con frecuencia se plantea la cuestión de hasta qué punto se pueden medir los efectos de las acciones implementadas como resultado de una estrategia nacional sobre drogas. De hecho, tanto las estrategias nacionales como las internaciones hacen referencia a “objetivos muy generales” tales como la “reducción de los riesgos para los consumidores de drogas” o una “sociedad libre de drogas”, así como a “objetivos operativos” tales como el “incremento del número de plazas para tratamiento” o la “creación de una agencia de coordinación en materia de drogas”. Sería beneficioso para los objetivos “generales” y para los “operativos” establecer objetivos específicos. Los primeros son importantes como base de la política nacional en materia de drogas, ya que permiten establecer la dirección que debe seguirse, pero resulta difícil medirlos; los segundos indican la puesta en marcha de iniciativas cualitativas y cuantitativas, lo que implica que debería ser más fácil someterlos a medición.

Los expertos y profesionales advierten de que, si se pretende evaluar una estrategia desde el punto de vista científico, los objetivos deben formularse de forma clara, inequívoca y mensurable, distinguiendo entre objetivos “generales” y “operativos”, pero estableciendo entre ellos un vínculo. De hecho, los “objetivos operativos” deben percibirse como una forma de concretar los “objetivos generales”. A continuación, se deberían establecer indicadores de rendimiento para medir el grado de cumplimiento de los objetivos. Actualmente, sólo unas pocas estrategias nacionales en materia de drogas pueden incluirse en esta categoría.