Prevención universal

Los principios y el contenido de las actuales estrategias de prevención del consumo de drogas, especialmente de los programas de prevención universal puestos en marcha en escuelas, se basan en pruebas científicas. Los efectos mensurables a largo plazo, aun cuando sean mínimos (Stothard y Ashton, 2000), constituyen un gran logro si se consiguen en grandes poblaciones. Los principios básicos, lo que funciona y lo que no, están actualmente bien definidos y existen varios enfoques de probada eficacia entre los que figuran la enseñanza interactiva (en la que participan compañeros) (Tobler y Stratton, 1997), la modificación de creencias normativas (Flay, 2000), la prioridad de las aptitudes sociales y la disponibilidad de información básica sobre las distintas sustancias; todos estos enfoques deben ser equilibrados y relevantes para la realidad social de los jóvenes (Hansen, 1992; Dusenbury y Falco, 1995; Paglia y Room, 1999; Tobler et al., 2000; Tobler, 2001). En la práctica, los legisladores y profesionales de varios Estados miembros siguen dando prioridad a enfoques que han demostrado su ineficacia, como la educación afectiva (por ejemplo, fomentar la autoestima, que es una práctica habitual en Alemania), la oferta informativa (aumentar la concienciación) y la reflexión.

De forma similar, los factores que contribuyen al éxito de la ejecución (Gráfico 2 OL) de las políticas de prevención en los centros escolares son bien conocidos: adherencia firme a un plan de estudios establecido e impartido por profesores debidamente formados; contenido claramente definido; y disponibilidad de manuales y materiales. Asimismo, la prevención del consumo de droga debería formar parte de una amplia política escolar en materia de drogodependencia y protección de la salud (Paglia y Room, 1999; Chinman et al., 2004). No obstante, en la práctica se distinguen tres estrategias independientes, que sólo en contadas ocasiones se encuentran integradas. En la primera estrategia, las medidas de prevención se aplican a través de amplios programas nacionales (República Checa, Irlanda, Lituania y los Países Bajos) o mediante una serie de programas homologados (España, Grecia, Hungría y Suecia). En otro enfoque, la prioridad es la formación del profesorado (la comunidad francófona de Bélgica, algunas regiones de Alemania, Austria y el Reino Unido), partiendo de la idea de que los profesores integrarán el mensaje de la prevención en sus actividades escolares diarias. Por último, algunos países (por ejemplo, Portugal, Finlandia) optan por redes de centros escolares en los que se fomenta la salud. Sólo Irlanda y España aplican estos tres enfoques de forma cohesionada en todo el país (Cuadro 3 OL).


Gráfico 2 OL: Modos de puesta en práctica de las medidas de prevención en los centros escolares (EN)

Cuadro 3 OL: Resumen de parámetros de los programas de prevención en centros escolares (EN)


Generalmente, la prevención universal fuera del ámbito escolar (Gráfico 3 OL) se centra en los jóvenes por tres canales principales: ofreciendo alternativas de ocio como talleres, actividades creativas y de aventuras a los jóvenes (España, Grecia, Letonia, Luxemburgo y el Reino Unido); mediante el trabajo de los jóvenes en actividades y centros deportivos con el fin de iniciar a los más jóvenes en el respeto de las normas, los comportamientos y las actitudes de protección dentro del grupo (Alemania, Italia y Finlandia); o mediante técnicas de proximidad (Dinamarca, Austria, Polonia, Portugal y Noruega). Las labores de prevención fuera del ámbito escolar pueden resultar muy eficaces para descubrir a jóvenes en situación de riesgo y a grupos objetivo vulnerables, pero este potencial sólo se explota en algunos Estados miembros (Irlanda, Hungría, los Países Bajos, Austria y el Reino Unido).


Gráfico 3 OL: Prevención entre los jóvenes fuera del ámbito escolar (EN)